Archivos mensuales: Octubre 2008

- Ignora todo lo que te han dicho acerca de fantasmas o demonios. Nada de eso es real, nunca existieron y nunca lo harán. ¿Qué? Ah, sí… eso. Bueno, tú no eres prescisamente uno… sí, sé que piensas que moriste y lo recuerdas, pero te aseguro que no es así. Está bien, iré allá y sacaré tu ebrio trasero de ese lugar. ¿Dónde prescisamente estás? ¿Cómo llegaste ahí? Bueno, tendrás tiempo de explicarmelo más adelante.

- Hey, está un poco helado ¿no?. Toma mi chaqueta, tú la necesitas más qe yo. ¿Cómo es que has llegado hasta aquí? mejor que ni lo digas, te llevaré a casa y me contarás todo con lujo de detalles. Tienes cara de querer algo caliente.¿Café? ¿Vodka? Lo que tú quieras amigo, tan solo lleguemos a casa pronto.

-¿Y bien? ¿Me dirás lo que sucedió?

- No lo sé con exactitud, lo último que recuerdo es que estaba sentado intentando recordar algo, más bien, intentando descifrar algo y de repente, todo se nubló y desperté contigo al teléfono.

-¿Y de dónde sacaste la puta idea de que estabas muerto? ¿Qué te inyectaste esta vez?

-Nada, nada, lo juro por el amor de Dios. Sólo fue que me vi desde arriba, ya sabes, como cuando mueres y ves tus ultimos segundos desde el aire.

- ¿Has muerto alguna vez como para estar seguro de que eso es lo que pasa?

-Por supuesto que no, o al menos eso recuerdo… no, creo que no.

-¿Y?

-¿Y qué?

-No lo sé, me llamas a las 4 A.M, me dices que te has muerto, voy por ti, me das una muy vaga explicación… ¿Y esperas que me quede aquí sentado? Al menos, deberías agradecerme por haberte traído.

-Bueno, gracias. ¿Hay más café?

-Seguro, le traeré en una taza nueva. Son solo tres dolares más y 2 por la rosquilla. ¿Quiere el café con rosquilla señor?

- ¿Perdón? ¿3 dolares?

- Sí señor, 3 dolares. La oferta es con las rosquillas, 5 dolares en total.

- La cabeza… me duele ¿no tendrá una aspirina?

-Claro, son 2 dolares por la tira. ¿Le hago todo un paquete?

- Sí, sí claro, un paquete.

- Aquí está su recibo, gracias por venir, vuelva pronto.

- Claro claro, pronto…

Diez segundos, diez exactos segundos dejé pasar y la misma pregunta se repitió en el vacío espacio.

- 44W ¿Está usted vivo?.

Diez segundos más. Quería ver que sucedía.

- Repito, 44W ¿Está usted vivo?

¿Qué podía pasar? ¿Vendría y me dispararía por no responder aquella pregunta?

-Aquí 44W, estoy herido.
-¿Qué es lo que ha sucedido?
-Camino a recoger las provisiones, alguien entró a mi lugar y me golpeó la cabeza. Creo que tengo una herida expuesta.
- 44W, escúcheme atentamente, le han enviado un paquete de primeros auxilios, con eso bastará para parar el sangramiento.
- ¿Podría usted llamarme por mi nombre? Lamento decir que en estos tres meses, jamás me ha gustado ese apodo.
- No es un apodo, es su nombre clave, 44W.

Una rápida ola de imágenes surcaron mi cabeza. ¿44w? ¿43V?

- Clave… entiendo.
- Con aquel paquete médico debería estar bien. Cambio y fuera.
- ¡ No ! ¡ Espere un momento !

Solo se escuchaba distorsión desde el otro lado. Ya nada más que un vacío de ruido que me sobrepasaba. No sabía si se había tragado mi cuento de estar herido, pero lo más probable es que no.
Abrí una botella y me senté a pensar en todo lo que, hasta el momento, había descubierto. ¿Qué relación tenían? Un presidente muerto, mi antepasado, ambos escritos en la muralla sobre la cual mi espalda se apoyaba.

La paranoia me cubría. Sentía ser vigilado, así que provisto de mis cigarrillos, dispuse la noche para buscar cualquier dispositivo el cual sirviera para ser monitoreado desde un lugar remoto, obviamente con resultados infructuosos.
Agotado de aquella tarea, me lancé al suelo. Cansado, cerré los ojos y tomé un par de libros para improvisar una cabecera. Empecé a contar… uno, dos, tres, cuatro, luego cinco y posteriormente seis.
Seis pequeñas manchas en el techo, dispuestas casi en un orden métrico…

43V, November 22, 1963. Todo era más nublado que el día anterior. Encendí un cigarrillo y repasé la frase. Intenté analizarla, darla vuelta, creía que era un anagrama. Nada. Intenté descifrar las palabras por orden. No tenía sentido, al menos, no el 43V. 22 de Noviembre de 1963, poco fue lo que en esa fecha pasó, pero importante. Pero… ¿Qué tenía que ver la muerte de un presidente con esto? Me era ilógico, totalmente.

El intento de acertijo me traía vuelto loco. Pensaba a cada instante en el y, ya había perdido todas mis costumbres. Contar los minutos, horas y segundos, leer un libro, comer un poco. Nada hacía con tal de intentar descifrar aquel misterio. Hasta había olvidad ir a recoger las provisiones para aquel mes, las cuales por lógica, deberían estar congeladas en las afueras. Al menos, sonreí por tener whiskey helado de forma natural.

No sabía si aquel día había empezado o estaba ya terminando. No sabía que hora era, ni siquiera que fecha era exactamente. Vestí la chaqueta que me entregaron cuando llegué y partí a buscar la caja con mis valiosas provisiones. Todo estaba en el mismo orden de siempre, whiskey, cigarrillos, semillas de girasol. Todo en las cantidades justas para pasar el mes. Como la costumbre lo meritaba, dejé la comida a un lado, sólo para casos de emergencia. Me sorprendí de ver un paquete pequeño, con la típica cruz roja y encontrar, algodón y alcohol. Justo lo que necesitaba para los constantes sangramientos nasales.
Volví a mi lugar, justo para dar el anuncio de que aún vivía.

La luz roja prendió sus 39 veces y el ultimátum, se dio.

44W ¿Está usted vivo?

Cualquiera que hubiese visto el lugar, hubiese pensado que un mal logrado robo fue perpetrado. Los libros estaban desparramados por el suelo; vasos, comida, alcohol, ropa, muebles, todo destruido o por el suelo. Fue recién cuando desperté, que caí en la cuenta de que tan poco manejo de la ira es el que tengo. Pero no me importaba, al menos no en aquel momento.
Me incorporé y de inmediato, como un grifo, la nariz empezó a sangrar. Tan rápido como pude, tomé una camisa vieja que estaba tirada y , a modo de tapón, la puse en mi nariz. No fue hasta ese momento, en que me senté y dejé caer la cabeza hacia atrás para detener el sangrado, en que noté algo que jamás había visto. Tras el mueble viejo que intentaba ser una especie de biblioteca, había una marca. Una mancha, quizás, pero la había pasado por alto. Al momento de incorporarme para poder observar más de cerca, mis piernas fallaron y caí de rodillas al suelo. Me sentía idiota, no sabía si era algún efecto de las píldoras o la continua ingesta de alcohol.
Tardé algunos momentos en poder pararme nuevamente, minutos que me parecieron eternos, sin poder moverme. Tras lograr tan heroica hazaña, me felicite por ser un estúpido y me dispuse a ver mi nuevo descubrimiento.

Hubiese deseado que aquella caída de rodillas, me hubiese dejado tumbado tanto tiempo como fuese necesario para desistir de mi empresa por aquella mancha…
Tras limpiar un poco, inmerso en aquella muralla blanca, un pequeño e insignificante número apareció.

43V, November 22, 1963

De una cosa estaba seguro : No era una grabación.

- 44W, Vivo aún.

- ¿Alguna especie de complicación?

- No, todo esta bien.

- Roger
Roger. Sabía que eso sería lo último que escucharía en meses. A modo de castigo, bebí el resto de la botella de un golpe. dando en cada gota, un dejo de estupidez por haber desperdiciado aquella oportunidad de saber más de él.

Las estadísticas dicen que ninguna persona puede permanecer sin dormir por un máximo de once días y ya, al tercero, comienzan a alucinar. Aún me pregunto cuando comenzarán las mías. Aunque, a decir verdad, no sé con certeza si la sangre es sangre o algún raro líquido de los que en el estante habían.

El mundo que me rodea, es decir, la estrecha habitación, parecía un poco más grande de lo común. Aunque no me parecía raro, debido a las grandes cantidades de whiskey que bebí esperando la luz roja.  El dispositivo se había encendido y no sabía si estaba lo suficientemente cabreado, ebrio o ambas, pero no tenía mayor intención de decir que aún vivía.

Pensaba en lo que había hecho: absolutamente nada. Es decir, cualquier vago hubiese deseado esta vida, pero no  yo. Yo quería algo diferente, pensé que era algo diferente, no una estúpida situación diaria de prender un micrófono y decir “Estoy vivo”. Pensaba en aventuras, pensaba en desafios, pensaba en morir por un barranco, pero de ninguna manera, solo por hipotermia.

La lógica me decía, que debía responder al llamado, pero ¿Qué tal si esta vez no lo hago? No sé que pasará, pero me llama la atención.

La luz roja comenzó a pestañear y hasta parecía, que me hacía burla. Con cada pesteañeo, veía que me decía que era un fracasado, un perdedor, que no servía para nada, salvo para beber.
Solo cerré mis ojos e inventé en mi mente, que no había una luz, no había micrófono, que todo era una alucinación producto de mi insomnio.-

- 44W ¿Está usted vivo?