Las estadísticas dicen que ninguna persona puede permanecer sin dormir por un máximo de once días y ya, al tercero, comienzan a alucinar. Aún me pregunto cuando comenzarán las mías. Aunque, a decir verdad, no sé con certeza si la sangre es sangre o algún raro líquido de los que en el estante habían.

El mundo que me rodea, es decir, la estrecha habitación, parecía un poco más grande de lo común. Aunque no me parecía raro, debido a las grandes cantidades de whiskey que bebí esperando la luz roja.  El dispositivo se había encendido y no sabía si estaba lo suficientemente cabreado, ebrio o ambas, pero no tenía mayor intención de decir que aún vivía.

Pensaba en lo que había hecho: absolutamente nada. Es decir, cualquier vago hubiese deseado esta vida, pero no  yo. Yo quería algo diferente, pensé que era algo diferente, no una estúpida situación diaria de prender un micrófono y decir “Estoy vivo”. Pensaba en aventuras, pensaba en desafios, pensaba en morir por un barranco, pero de ninguna manera, solo por hipotermia.

La lógica me decía, que debía responder al llamado, pero ¿Qué tal si esta vez no lo hago? No sé que pasará, pero me llama la atención.

La luz roja comenzó a pestañear y hasta parecía, que me hacía burla. Con cada pesteañeo, veía que me decía que era un fracasado, un perdedor, que no servía para nada, salvo para beber.
Solo cerré mis ojos e inventé en mi mente, que no había una luz, no había micrófono, que todo era una alucinación producto de mi insomnio.-

- 44W ¿Está usted vivo?

Escribe un comentario

*
*