Cualquiera que hubiese visto el lugar, hubiese pensado que un mal logrado robo fue perpetrado. Los libros estaban desparramados por el suelo; vasos, comida, alcohol, ropa, muebles, todo destruido o por el suelo. Fue recién cuando desperté, que caí en la cuenta de que tan poco manejo de la ira es el que tengo. Pero no me importaba, al menos no en aquel momento.
Me incorporé y de inmediato, como un grifo, la nariz empezó a sangrar. Tan rápido como pude, tomé una camisa vieja que estaba tirada y , a modo de tapón, la puse en mi nariz. No fue hasta ese momento, en que me senté y dejé caer la cabeza hacia atrás para detener el sangrado, en que noté algo que jamás había visto. Tras el mueble viejo que intentaba ser una especie de biblioteca, había una marca. Una mancha, quizás, pero la había pasado por alto. Al momento de incorporarme para poder observar más de cerca, mis piernas fallaron y caí de rodillas al suelo. Me sentía idiota, no sabía si era algún efecto de las píldoras o la continua ingesta de alcohol.
Tardé algunos momentos en poder pararme nuevamente, minutos que me parecieron eternos, sin poder moverme. Tras lograr tan heroica hazaña, me felicite por ser un estúpido y me dispuse a ver mi nuevo descubrimiento.
Hubiese deseado que aquella caída de rodillas, me hubiese dejado tumbado tanto tiempo como fuese necesario para desistir de mi empresa por aquella mancha…
Tras limpiar un poco, inmerso en aquella muralla blanca, un pequeño e insignificante número apareció.
43V, November 22, 1963

